Críticas

Alberto Bellucci Director de los Museos Nacionales.
Guillermo Roux Artista
Pedro Roth Artista
Josefina Robirosa Artista
Rafael Squirru Crítico de Arte

CRITICA
por Alberto Bellucci Director de los Museos Nacionales.
Josefina Di Candia habita un ámbito creativo hecho por igual de figuras y de sueños, de materia y de nubes, de solideces y evanescencia. Y de esas figuras soñadas -pintadas con gran dominio del oficio- se desprenden sueños figurados capaces de engendrar ricos discursos en el receptor.
Esta vez nuestra artista ha elegido medirse con la temible inocencia de los muñecos, esas frágiles cáscaras sonrientes que nos miran sin mirar y que, en grupos más o menos heterogéneos nos acechan desde estantes y posiciones increíbles. No es difícil imaginar ni es descaminado suponer que, apenas se cierran al público las salas de exposición, los muñecos de Josefina cobran vida, se ordenan, recomponen sus piezas y forman rondas nocturnas de chismes y susurros en un aquelarre travieso que -como el juego de las estatuas- vuelve luego a la inmovilidad cotidiana, aunque con poses diferentes cada nuevo día.
Porque las asociaciones que la autora provoca a través de fragmentaciones, duplicaciones y reflejos (el ojo/espejo de van Eyck, Velásquez y el Parmegianino, se continúa en la visión agudA de Di Candia) permite que el espectador trace su propio itinerario dentro del laberinto de senderos que se bifurcan. No es por azar -en todo caso se trata de un azar casual, no casual- que esta muestra se realice en un Centro que lleva el nombre de Borges.
La música es otra presencia querible de raíces y memorias que buscan su eco en el espectador. Josefina y sus muñecos bailan y juegan sobre collage, de partituras añosas, y la obra se vuelve sonora. También aquí es dable imaginar la transfiguración del Cascanueces en soldado real, de la autómata de Offenbach en la Olimpia de carne y hueso que enamora a Hoffmann, o del conjunto de muñecos que cada noche revive dentro la “juguetería fantástica” que Respighi convirtió en ballet gracias a Rossini. Transfiguraciones que cada uno puede convertir en un sueño propio y diverso gracias al propio sueño de Josefina.

CRITICA
por Guillermo Roux Artista
Los muñecos de Josefina Di Candia se amontonan en los silenciosos rincones de su taller. La luz implacable de una lámpara que alguien, quizás la pintora, dirigió hacia ellos, los descubre y sorprendidos en los estantes, nos revelan su extraña y a veces perversa realidad. Cargados de recónditos fetichismos, de proyecciones fantasmales, los muñecos que pinta Josefina Di Candia, son representaciones en el límite de lo humano.
Paraciera que la materia inerte de que estan hechos, madera, paño, porcelana, fuera a transformarse de un momento a otro en carne palpitante. Un humor trágico los recorre. Ríen y lloran al mismo tiempo en un instante congelado. Vida y muerte, paraíso e infierno, mal y bien, remotos fetiches, el tótem tribal, el gólem Frankestein, sin olvidar aquellos juguetes eróticos del sultán de “Las mil y una noches”, y hoy robots y replicantes, quizás todos hayan sido creados por el hombre para conjurar sus miedos o el terror de sentirse solo frente al universo. Los ilumina para representarlos y con incisivo trazo, los interroga. Esto es lo que nosotros vemos en los trabajos de esta pintora. Sólo ella conoce la respuesta.

CRITICA
por Pedro Roth Artista
Josefina recurre a su origen para inspirarse para extraer el material para su obra. El profundo conocimiento de los objetos y las situaciones que muestra en estas telas, nos acercan a ella, Josefina se presenta descarnada en sus vivencias, nos transmite sus sentimientos recurriendo a los ingredientes que tiene internalizada. Los juguetes, los libros de cuentos, las historias leídas y escuchadas que se fueron grabando en su mente. A la que recurre Josefina para compartir generosamente con nosotros su intimidad. Vale la pena detenerse frente a estos cuadros ya que son puertas que se abren para que nos adentremos en su alma de niña con sus claroscuros, asombros, fantasías, sonidos, felicidades y temores. Son pinturas para demorarse frente a ellas, para despertar en nosotros los recuerdos de nuestras infacias latentes. Este lenguaje figurativo a veces abocetado inconcluso, como todo juego infantil, nos abre la posibilidad de penetrar la obra de Josefina hasta encontrar nuestras emociones, recuerdos, esperanzas y recuperar la infancia que hay en cada uno de nosotros.

CRITICA
por Josefina Robirosa Artista
Me gustó ver los trabajos de Josefina Di Candia. A medida que desfilaban las obras pensaba: “Que suerte que no se ha dejado persuadir por los vientos de lo artísticamente correcto para esta década, que suerte que no se ha convertido en juguete de su intelecto, allí donde las palabras y las imágenes fluctúan unicamente en la fantasía de la pura idea. Va con naturalidad paso a paso. Participa del momento plenamente y deja que la siguiente imagen que asoma cuide de sí misma. Sabe que las ideas graficadas literal y racionalmente apenas proponen una experiencia, dejan afuera los ecos y sugerencias que la intuición aporta.
Los juguetes de Josefina son los de la infancia llevados al presente. En su pintura se forman locuaces; ambiguas y claras a la vez o a veces mudas o elocuentes. Nos asomamos a través de ellos a un mundo fascinante en su expresividad. Que suerte.

CRITICA
por Rafael Squirru Crítico de Arte
Realmente magistrales son los dibujos en carbonilla sobre tela de Josefina di Candia, así como los que están realizados con técnicas mixtas.
El que más me impresionó es “El maniquí”, de 180 centímetros de alto por 70 centímetros de lado. La masa negra central se impone al ojo inteligente con la rotundez de un mazazo. No le van en zaga las pinturas, de modo especial las que están ejecutadas al óleo. No se trata solamente del dominio técnico que caracteriza a todos y cada uno de sus trabajos, sino también al hecho de que la artista ha encontrado una noble fuente de inspiración en el mundo de los juguetes. Muñecas y muñecos entreverados con ositos y figurillas, resultan orquestados armónicamente, obedeciendo a una batuta que responde a los más íntimos anhelos de Josefina di Candia.
Estos anhelos configuran un cosmos obediente a las leyes del Dharma, ya que nada es tan ilusorio y ridículo como pretender violarlas impunemente. Como bien dice Luis Barragán: “En materia de arte no se hace lo que se quiere, sino lo que se debe”. Cumple a cabalidad con ésa, la mayor de las exigencias, esta artista que así se enriquece la poderosa escuela de Buenos Aires.

CRITICA
por L. Moussakova Crítico de Arte
La Cité Internationale des Arts de Paris, qui fêtera l’année prochaine son 50e anniversaire, accueille chaque année plus de 1 000 invités du monde entier dans ses 324 ateliers d’artiste en résidence. Les activités hebdomadaires favorisent les rencontres et échanges entre artistes de tous domaines confondus surtout lorsque l’on y croise des résidents  au charisme et dynamisme de Josephina Di Candia (Argentine). Artiste plasticienne, elle nous présentera ses Jeux browniens,  inspirés des mouvements aléatoires des particules que décrit Lucrèce autour de 55 ans avant notre ère et du roman interactif, ancêtre de l’hypertexte, Rayuela (1963) ou Marelle en français de Julio Cortázar, pouvant être lu par chacun dans un ordre différent tout en restant cohérent. La personnalité magnétique de Josephina a pour résultat ce spectacle rassembleur de fin d’année. En concert, on entendra Sébastian Volco (Argentine) au piano et puis la soprano Masayo Tago (Japon) ainsi que des performances avec Solfrid Olette Mortensen(Norvège), Marc Socié (France), Mahmood Ahmed Hachim (Irak). Les vidéos et photographies qui seront projetées sont respectivement d’Ameen Nayfeh (Palestine) et de Lourdes Segade (Argentine).

« Jeux browniens » de Josefina Di Candia  le lundi 22 décembre à 20h30

Cité Internationale des Arts – Paris 18 rue de l’Hôtel de Ville 75004

Le botaniste Robert Brown (1773-1858) est le premier a observé le phénomène au microscope en remarquant  les mouvements irréguliers et imprévisibles des particules à l’intérieur des grains de pollen en suspension dans l’eau. En 1905, Einstein établit une formule permettant de calculer le nombre d’Avogadro à partir du mouvement brownien. L’étude expérimentale en 1908 de Jean Baptiste Perrin (1870-1942) permit ainsi de calculer la taille d’une molécule d’eau; de la botanique, à la physique en passant par la chimie et les mathématiques, triomphe alors la Théorie atomique !

Pour en savoir plus
KAHANE Jean-Pierre (15 octobre 2006). « Le mouvement brownien et son histoire, réponses à quelques questions »  sur le site du CNRS Images des maths – Hors-piste SACCO Laurent (25 mai 2010). « On a mesuré la vitesse d’un mouvement brownien » sur le site de Futura Sciences GRASSET Léo (2 novembre 2013). « Les gazelles jouent aux dés : le rôle du hasard en biologie quantique » sur le site Café des sciences

 

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Josefina Di Candia, Artista Plástica/Visual
http://www.josefinadicandia.com.ar