25 de junio de 2022

El sombrero vueltiao es posiblemente la pieza de moda más emblemática de Colombia. Adornan las paredes de todas las tiendas de regalos del país. En las principales ciudades colombianas como Bogotá y Medellín, se puede ver a los vendedores pregonando estos sombreros entre un revoltijo de llaveros y camisetas. En las zonas rurales, los agricultores y la gente del pueblo se protegen la cara del sol blandiendo el sombrero icónico en sus viajes a la plaza del pueblo. Junto al amarillo fluorescente de la camiseta de la selección de fútbol de Colombia, nada engloba a “Colombia” en una prenda más que esta gorra.

A pesar de lo inconfundible que es el ala inclinada hacia arriba y el patrón alternado en blanco y negro para la estética del país, a muchos les costaría ubicar de dónde provienen estos sombreros en un mapa. Y ese lugar es Tuchín.

Tuchín es un pequeño pueblo de 32 kilómetros cuadrados en Córdoba, departamento del norte de Colombia, con una población de 34.000 habitantes, la mayoría de los cuales pertenecen a la etnia indígena Zenú.

En Tuchín, el 90% de los habitantes dependen de alguna manera de la elaboración del sombrero vueltiao. Es por eso que en 2013, el gobierno colombiano implementó una multa exorbitante, de hasta $520 millones de pesos colombianos o $320,000 USD, para desanimar a los vendedores a comprar versiones falsificadas de China. El sombrero es una parte tan integral de la identidad del país y de la supervivencia de Tuchín, que cualquier tipo de competencia podría destruir esta economía local.

Sombreros tradicionales colombianos hechos a mano sombrero vueltiao o volteado de vendedores ambulantes en Barranquilla Colombia. Imagen cortesía de Deposit Photos.

Cuando el recién inaugurado alcalde de la ciudad, Alexis Salgado Agudelo, se presentaba como candidato, el presidente Iván Duque también hacía campaña con vehemencia por su inversión en la economía naranja. La Economía Naranja, según el libro de Duque titulado ‘La Economía Naranja: Una Oportunidad Infinita’ es otro nombre para la economía creativa en la que el talento humano es una mercancía. Industrias como la gastronomía, así como pilares de la cultura colombiana como la danza regional, la música y el diseño, se consideran parte de la economía naranja por su valor cultural, que Duque cree poder capitalizar.

Aparte de sus textiles producidos en masa, Tuchín se parece a cualquier otro pueblo del interior cerca de la costa y enfrenta desafíos similares. Según un 2018 reporte publicado por Colombia Informes, el 44,2 por ciento del departamento de Córdoba vive en la pobreza frente al 27 por ciento a nivel nacional. y en un el espectador artículo publicado en 2013, más del 90 por ciento de la población de Tuchín está insatisfecha con su acceso a las necesidades básicas.

Sin embargo, frente a estos desafíos, el alcalde Salgado busca transformar la pueblo. Y con alrededor de 1,000 sombreros que se fabrican por día y se venden a un precio de entre $ 50,000 y $ 150,000 pesos colombianos (entre $ 15 y $ 45), la inversión en la industria podría ser una inmensa oportunidad financiera no solo para la ciudad, sino para todo el país. .

El artículo fue publicado originalmente en El Correo de Bogotá.

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